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Doi: 10.25009/it.v11i17.2635

Reseña de libro

Emilio Carballido

Hugo Salcedo Larios*

*Universidad Iberoamericana, México. hugo.salcedo@ibero.mx

Recibido: 03 de junio de 2019

Aceptado: 07 de febrero de 2020

Socorro Merlín y Héctor Herrera. Emilio Carballido. México: Instituto Veracruzano de la Cultura, 2018, 252 pp.

A diez años de la desaparición física del imprescindible escritor mexicano Emilio Carballido Fentanes (Orizaba, 1925-Xalapa, 2008), Socorro Merlín y Héctor Herrera ofrecen este volumen que revisa las labores amplias y fecundas de nuestro autor veracruzano y universal. El libro es un proyecto ambicioso en razón de la prolija, arborescente y dilatada producción; pero el resultado es exitoso. Anuncia con tino, y demuestra un trabajo propio de auténticos taxonomistas, las distintas facetas de este dramaturgo, narrador y guionista, al tiempo que establece un diálogo vivo mediante los testimonios y artículos académicos que dan cuenta de quien es, sin duda, el autor de teatro mexicano más representado dentro y fuera del país.

Con la carta de Lev Tolstói dirigida a Emilio Carballido y traducida del ruso por Selma Ancira, el lector advierte el cariño y alto aprecio al cometido de Carballido. Es una animada felicitación que destaca aspectos del trabajo continuado del aludido, ya como escritor de literatura para niños, por las labores también de difusión y promoción a través de la revista Tramoya, fundada en 1975 y publicada desde entonces por la Universidad Veracruzana, y también por el reconocimiento del público a partir de la originalidad de las historias que gozan de aceptación no sólo entre los lectores, sino también con los espectadores.

Para tener en cuenta la ubicación histórica de la producción global de Emilio Carballido, se establece un apunte cronológico que expone lo esencial de su trayectoria, advirtiendo con esta tarea la pesquisa y cotejo entre diversos documentos personales y públicos, como libros, reseñas, programas de mano de los estrenos e, incluso, obras inéditas o ya inconseguibles, que trazan una trayectoria desde 1946, cuando escribe Los mundos de Alberta, hasta 2008, año en que la editorial Porrúa, en la sección de literatura infantil, publicó El niño que no existía y otras obras más: teatro del maestro Emilio Carballido. Tal acierto expositivo es producto también del esmero e investigación fina de la propia doctora Socorro Merlín, quien ha hecho de la obra “carballideana” el eje de numerosos artículos, notas críticas y libros de análisis. En este croquis se enuncia aquel legendario estreno de Rosalba y los Llaveros (1950) que daría a Carballido, bajo la dirección de Salvador Novo en el Palacio de Bellas Artes, visibilidad en la cartelera del teatro nacional con un lenguaje y situaciones frescas, distantes de todo anquilosamiento, y cuyo estreno impulsó enseguida a otros compañeros generacionales suyos, como Luisa Josefina Hernández y Sergio Magaña, miembros todos de la denominada “Generación de los años cincuenta”.

La cronología apunta también la obtención de los premios más relevantes, como el Casa de las Américas de Cuba por Un pequeño día de ira (1961), la recepción del doctorado honoris causa por la Universidad Veracruzana (1992) o el Premio Nacional de Ciencias y Artes por el cuerpo global de su obra (1996); asimismo, expone las aportaciones como columnista en el periódico El Nacional, las adaptaciones de sus obras llevadas al cine y las colaboraciones en películas como Nazarín (1959), de Luis Buñuel, o Macario (1960) que, basada en el cuento de Bruno Traven y dirigida por Roberto Gavaldón, sería nominada al Óscar como Mejor Película Extranjera. En este listado hay lugar también para anotar las fechas de sus estrenos teatrales más exitosos, la instauración de un premio nacional, así como un festival de teatro con su nombre, además de la edición de otros cuentos y novelas.

En la “Presentación” del libro se desgrana la figura de quien también fuera maestro y promotor de la dramaturgia joven de México. Merlín realiza una acertada descripción del contexto histórico y cultural de la época a fines de los años cuarenta y principio de los cincuenta, pues son los periodos en que comienzan los trabajos de Carballido, quien alcanzaría a escribir cerca de 200 textos, entre piezas para teatro, adaptaciones para cine y televisión, guiones operísticos y partituras de ballet, además de cuantiosos prólogos y demás artículos periodísticos. En esta sección del volumen también se anotan algunos postulados de sus talleres dramatúrgicos: “La actitud básica para escribir consiste en estar dispuesto a saber qué nos enseña la obra y no a saber qué vamos a enseñar a la humanidad con ella, dado que el teatro es un acto de extremo amor a la realidad y a nuestros semejantes” (citado en Merlín y Herrera 33). Esta sentencia suya permite, por otro lado, el desfogue de la libertad creativa que evitaría fórmulas estrechas, en donde cada pieza dramática debiera obedecer a un particular y –por lo tanto– irrepetible proceso de creación. En ese sentido, escribir es un descubrimiento constante y maravilloso, en donde se involucran, incluso, procesos o sensaciones hipnagógicas, es decir, las que surgen entre el sueño y la vigilia del creador.

A lo largo del estudio, y quizá como una de las notables aportaciones para la comprensión de este autor, se va poniendo en claro la alta y compleja experimentación estilística que marca la producción de Carballido. A él se le catalogaba, con desdén, como un autor costumbrista, sin tener en cuenta que sus primeras obras son de estilo fantástico; luego, inducido por su propio maestro Rodolfo Usigli, experimentará con el realismo, para después dejarse llevar también hacia el expresionismo alemán, el teatro político y las culturas orientales, en una carpeta gruesa de textos dramáticos para todas las edades que tampoco desdeñó el rescate y reescritura de mitos, leyendas o pasajes de corte histórico.

Esta variación de formas es producto también de sus implicaciones con las artes plásticas, la ópera, el ballet, el cine, la música..., así como por la sensibilidad y forma de leer el mundo y el paso de los años. Por ello, D.F. 52 obras en un acto sea, quizá, su obra más ambiciosa y representativa, confluencia de más de 300 personajes que, mediante la ficción, recorre todo un siglo de la hazaña de los habitantes en la ciudad más poblada del planeta. Este trabajo es comparable con un monumental crisol de dimensiones y tonalidades magníficas, a la manera del trabajo de los muralistas mexicanos o los magnos poemas Primero sueño, de Sor Juana, y Piedra de sol, de Octavio Paz. Esta reunión de textos breves que fue acumulando a lo largo de toda su vida, construye una:

[...] proeza literaria de un dramaturgo que escogió la Historia y cotidianidad de la ciudad capital en donde hizo finca, para construir otra carpeta de anécdotas reconocibles o fantásticas, describir ambientes y situaciones que rebasan el ámbito local para convertirse en temas universales, que exploran con acierto en las diversas épocas, modas y costumbres (Salcedo 209).

El volumen incluye, también, ejemplos de su variada obra literaria. Christopher Domínguez Michael comenta los aportes en el campo de la narrativa: “El regionalismo de Emilio Carballido es un universalismo, como lo es la Normandía flaubertiana al mundo” (citado en Merlín y Herrera 132). De este género se consideran: La ciudad secreta, fragmento de una novela inédita, y el cuento El niño que no existía. De sus guiones cinematográficos se ofrece un fragmento del facsímil mecanografiado de Macario que interpretaron Pina Pellicer e Ignacio López Tarso, cuya presentación realiza Gustavo García, quien nos asoma al trabajo fílmico general de Carballido. En el ensayo que realiza Jacqueline Bixler al teatro de Emilio Carballido se hacen notar algunas de las imágenes predilectas y recurrentes en su obra como los trenes, “la rosa, el mar, la vieja omnisciente, el hilo, el corazón y los gatos” (citado en Merlín y Herrera 59), para enseguida incluir, completa, la exitosa pieza en tres actos Te juro, Juana, que tengo ganas (1966) que vuelve a constatar el desparpajo que deriva en el humor y el goce por la vida de un autor siempre jovial, impetuoso, atento y crítico de las conductas humanas. Esta comedia tiene un desarrollo atractivo mediante la exposición de los anhelos secretos e impronunciables de los personajes que se contraponen a sus necesidades de realización individual; ellos tienen que desenmascararse para resolver el tremendo enredo, pero este acto mostrará la conducta reprobable derivando en el ridículo. Vale tener en cuenta que la pieza se ubica y refleja un ambiente de provincia en 1919, para comprender el origen achacoso e injustificado de la clasificación de Carballido como un autor costumbrista; aun con ello, a nivel estructural, hay un interesante experimento como sucede con la escena última del tercer acto:

[...] los distintos personajes aparecen sentados todos como acaban de aparecer de manera individual en los cuadros anteriores. Se iluminan las distintas áreas, una por una, mientras cada personaje habla de su propio problema. El resultado es una especie de contrapunto [...]. Esta extraordinaria escena se salta los límites de la comedia, para presentarnos de un modo simultáneo a todos los pobres seres perplejos que pueblan la obra (Dauster 182-183).

En el libro también hay lugar para algunos testimonios que presentan sus visiones y versiones de las labores del autor homenajeado. Estas impresiones las firman personajes de la cultura y la academia nacional e internacional, algunos ya finados, tan distantes y dispares como Rosario Castellanos, Juan Villoro, Sabina Berman, Luis Mario Moncada, Víctor Hugo Rascón Banda, Beatriz J. Rizk, Isaac Chocrón, Alejandra Gutiérrez, Madeleine Cucuel, Luis Martín Garza, Natalia Konstantínova, Rafael Toriz y Héctor Herrera. Ciertamente, se trata de una reunión muy acotada de textos y de firmas, pues son muchos quienes le han dedicado testimonios, tanto a la obra literaria y promocional, como igualmente son numerosos los estudios de énfasis académico. En conjunto, los signatarios comparten anécdotas, lecturas personales, referencias contextuales, etcétera, que construyen una constelación de entrecruzamientos, aportaciones y peculiaridades a la obra capital del maestro.

Luego de una entrevista entre Merlín y Carballido, a partir de la obra La danza que sueña la tortuga (1954), llevada a cabo en Perpiñán, Francia, en el año de 2001, cierra el volumen una serie de materiales visuales: fotografías, carteles de cine y de teatro, programas de mano, dibujos de Leticia Tarragó, Posada o Marta Palau, portadas de libros y revistas, además de dibujos del propio Carballido en los míticos cuadernos de contabilidad donde escribió a puño y letra muchas de las obras. Una buena cantidad de estos materiales son aquí expuestos por primera vez, haciendo todavía más entrañable la edición.

Fuentes consultadas

Dauster, Frank. Ensayos sobre teatro hispanoamericano. México: Secretaría de Educación Pública, 1975.

Salcedo, Hugo. “Coordenadas para la ubicación de la obra de Emilio Carballido: de la escritura a la promoción, de la novela al drama, de breves a extensos formatos”. Revista Iberoamericana, vol. 21, núm. 2, 2010, pp. 207-225.

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Investigación Teatral Vol. 11, Núm. 17, 2020, es una publicación semestral (abril-septiembre 2020) y arbitrada, editada por el Centro de Estudios, Creación y Documentación de las Artes de la Universidad Veracruzana, Paseo de las Palmas No. 7, Col. Fraccionamiento Fuentes de las Ánimas, C.P. 91190, Xalapa, Veracruz, México, correo electrónico:  investigacionteatraluv@gmail.com. Editor Responsable: Dr. Antonio Prieto Stambaugh. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del título vía red de cómputo No. 04-2018-100315343100-203, ISSN electrónico: 2594-0953; ambos otorgados por el Instituto Nacional de Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Lic. Cynthia Palomino Alarcón. 

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